Infancia y protección
HIJOS E HIJAS COMO VÍCTIMAS DIRECTAS DE LA VIOLENCIA DE GÉNERO
Los hijos e hijas expuestos a violencia de género no son testigos secundarios: tienen derechos propios y necesitan escucha, seguridad y protección.
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Revisado por Equipo editorial de Stop Violencia Vicaria — Revisión editorial ()
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Los hijos e hijas que viven en un contexto de violencia de género no son simples testigos de un problema entre personas adultas. La violencia atraviesa su seguridad, sus vínculos, sus rutinas y su posibilidad de pedir ayuda. Por eso deben ser reconocidos como personas con derechos propios y como víctimas directas que necesitan una respuesta específica.
Esta mirada no compite con la protección de la madre. Al contrario: permite entender que la seguridad de la mujer y la de sus hijos e hijas están relacionadas, sin convertir a la infancia en un apéndice del caso ni en un canal para mantener el control.
La ley reconoce una protección propia para niños, niñas y adolescentes
La Ley Orgánica 1/2004 contempla medidas de protección y asistencia para las mujeres y para sus hijos e hijas menores. También prevé atención social integral para quienes se encuentran bajo su guarda y custodia o conviven en contextos de violencia de género, con profesionales formados para atender sus necesidades.
La Ley Orgánica 8/2021 de protección integral a la infancia y la adolescencia refuerza ese enfoque. Su definición de violencia incluye la presencia de cualquier comportamiento violento en el ámbito familiar y la violencia de género. La norma sitúa entre sus fines la escucha de la infancia, la actuación coordinada y la prevención de la victimización secundaria.
Reconocer a niños, niñas y adolescentes como víctimas directas no exige reducir su experiencia a una agresión física. Significa observar qué les ocurre a ellos, qué riesgos afrontan y qué apoyo necesitan, en lugar de tratarlos únicamente como acompañantes de una persona adulta.
Ser víctima directa cambia las preguntas que hacemos
Si solo se les considera testigos, la intervención puede limitarse a preguntar qué vieron u oyeron. Cuando se reconoce su experiencia propia, aparecen otras preguntas: ¿se sienten seguros?, ¿qué cambios han sufrido sus rutinas?, ¿pueden expresar miedo sin consecuencias?, ¿se les utiliza para transmitir mensajes?, ¿tienen una persona adulta de confianza?
La guía oficial de intervención con menores víctimas de violencia de género insiste en hacer visible a la infancia y orientar la actuación profesional hacia sus necesidades. Esto implica no esperar a que un niño o una niña explique la situación con palabras adultas, ni interpretar el silencio, la ambivalencia o la lealtad familiar como ausencia de daño.
También exige distinguir entre escuchar y trasladarles la responsabilidad de resolver. Un menor no debe decidir qué versión adulta es correcta, mediar entre sus progenitores ni repetir una y otra vez su relato ante personas distintas.
En la violencia vicaria no son solo un medio para dañar a la madre
La violencia vicaria describe situaciones en las que el agresor utiliza a los hijos e hijas, a otras personas queridas o a seres vinculados para causar daño a la mujer. Esa instrumentalización no borra el daño propio que sufren niños, niñas y adolescentes.
Pueden ser presionados para obtener información, usados como mensajeros, expuestos a amenazas o colocados en conflictos de lealtad. En las manifestaciones más extremas, la agresión se dirige contra ellos. En todos los casos, la respuesta debe proteger su integridad y su voz, además de comprender el objetivo de control sobre la madre.
Nuestro artículo sobre las formas de violencia vicaria explica cómo puede aparecer esa instrumentalización. La guía sobre sus consecuencias en menores aborda con más detalle los efectos que puede tener la exposición continuada.
Escuchar sin interrogar ni poner al menor en el centro del conflicto
La escucha debe adaptarse a la edad, la madurez y la forma de comunicarse de cada niño o niña. Una conversación segura deja espacio, evita preguntas sugestivas y no promete resultados que la persona adulta no puede garantizar.
Para reducir la revictimización, conviene evitar interrogatorios repetidos o pedir al menor que cuente lo sucedido delante de personas implicadas en el conflicto. Cuando exista una preocupación por su seguridad, la valoración corresponde a profesionales capacitados y debe seguir los cauces de protección adecuados.
Escuchar tampoco significa hacerle elegir. Preguntar «¿con quién quieres estar?» puede trasladarle una carga que no le corresponde. Es más útil conocer qué situaciones le dan miedo, dónde se siente seguro, qué cambios ha observado y qué necesita para poder hablar sin presión.
Proteger requiere coordinación y una mirada individual
La madre y cada hijo o hija pueden necesitar apoyos diferentes. La atención social, sanitaria, educativa y psicológica debe coordinarse para no fragmentar la situación ni obligar a la familia a repetir continuamente la misma historia.
En la práctica, una respuesta centrada en la infancia debería:
- valorar la seguridad y las necesidades de cada menor por separado;
- preservar rutinas, vínculos protectores y acceso a atención especializada;
- evitar que las comunicaciones adultas pasen a través de los hijos e hijas;
- compartir únicamente la información necesaria entre profesionales;
- revisar las medidas cuando cambian el riesgo o las circunstancias.
Estas pautas no sirven para diagnosticar un caso concreto desde fuera. Sí ayudan a evitar una idea peligrosa: que mientras no haya una agresión visible, la infancia permanece al margen.
Pedir ayuda también es proteger a los hijos e hijas
Si existe peligro inmediato, llama al 112. El 016 ofrece información, asesoramiento jurídico y atención psicosocial inmediata por personal especializado; también atiende por WhatsApp en el 600 000 016, por chat y por correo electrónico.
En ayuda y recursos puedes consultar estas vías y otras opciones de apoyo. Si te preocupa la seguridad de un niño, niña o adolescente, explica qué está ocurriendo y qué cambios has observado sin pedirle que demuestre por sí solo la situación. Reconocer su experiencia y activar protección especializada son pasos complementarios.
Esta información es general y divulgativa. No sustituye el asesoramiento jurídico, psicológico o sanitario profesional.
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