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VIOLENCIA VICARIA DESPUÉS DE LA SEPARACIÓN: POR QUÉ EL RIESGO PUEDE CONTINUAR

Separarse termina la convivencia, no siempre el daño. Por qué el vínculo con los hijos e hijas sigue abierto y qué dicen los datos oficiales.

Por Stop Violencia Vicaria

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  • violencia de género
Ilustración plana: dos heptágonos de contorno violeta separados por un espacio, unidos todavía por un camino de puntos que pasa por un heptágono pequeño con la silueta de una criatura

Cuando una mujer consigue separarse, lo razonable es esperar que la violencia termine con la convivencia. En violencia vicaria ocurre algo distinto: el daño nunca dependió de compartir una casa, sino del vínculo con los hijos e hijas. Ese vínculo no se rompe con la sentencia de divorcio, y por eso el riesgo puede continuar cuando la relación ya ha terminado.

La ley española lo reconoce desde su primer artículo. La Ley Orgánica 1/2004 se aplica a la violencia ejercida por quienes «sean o hayan sido» cónyuges o parejas, «aun sin convivencia». Y desde 2021 su artículo 1.4 incluye de forma expresa la violencia que se ejerce sobre las personas menores de edad del entorno de la mujer «con el objetivo de causar perjuicio o daño» a ella.

Qué termina con la separación y qué no

La separación puede acabar con la convivencia y con el control cotidiano sobre los horarios, el espacio y las decisiones domésticas. No acaba, por sí sola, con las vías que pasan por los hijos e hijas.

Después de una ruptura con menores de por medio siguen existiendo obligaciones que exigen contacto: entregas y recogidas, decisiones compartidas sobre salud o escolarización, gestiones económicas, comunicaciones sobre urgencias. Son responsabilidades legítimas y necesarias. El problema aparece cuando se utilizan para sostener el miedo, la vigilancia o el castigo.

Esa diferencia no siempre es visible desde fuera. Vista aisladamente, cada llamada, cada retraso o cada mensaje puede parecer un desacuerdo de organización familiar. Vista en conjunto, puede dibujar la continuación de un patrón que ya existía antes.

Por qué la ruptura puede reforzar el uso de los hijos e hijas

Cuando el contacto directo con la mujer se reduce, lo que queda abierto es el canal parental. Ahí es donde la violencia vicaria encuentra continuidad.

No es una lectura nuestra: la propia Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género incluye entre los signos de violencia vicaria conductas que solo pueden producirse después de la separación, como «utilizar los momentos de la recogida y retorno del régimen de visitas para insultarte, amenazarte o humillarte» o interrumpir los tratamientos médicos de los hijos e hijas «cuando están con él». El propio calendario de visitas se convierte entonces en la estructura que mantiene el contacto abierto.

Por eso la separación no debe interpretarse como un punto final en la valoración del riesgo, sino como un cambio de escenario que requiere volver a mirarlo.

Qué dicen los datos oficiales sobre el riesgo tras la ruptura

Una parte importante de los feminicidios se produce cuando la relación ya había terminado o estaba terminando. En 2026, según la ficha estadística de víctimas mortales de la Delegación del Gobierno, actualizada el 14 de septiembre y con datos provisionales, 23 de las 37 mujeres asesinadas por violencia de género —el 62,2 %— lo fueron a manos de una expareja o de una pareja en fase de ruptura. En 17 casos, el 45,9 %, víctima y presunto agresor no convivían. Esos mismos casos dejaron 26 huérfanas y huérfanos menores de 18 años.

Un solo año no marca una tendencia, y conviene decirlo: en 2025, con el año ya cerrado, la proporción de mujeres asesinadas por una expareja o pareja en fase de ruptura fue del 37,5 % (18 de 48). La cifra oscila. Lo que no oscila es la conclusión de fondo: haber terminado la relación no sitúa a una mujer fuera del alcance de la violencia.

Los datos sobre infancia apuntan en la misma dirección. La ficha de menores de edad víctimas mortales, actualizada el 23 de marzo de 2026, contabiliza 68 menores asesinados en casos de violencia de género contra su madre desde el 1 de enero de 2013. De los tres registrados en 2026, en dos casos la madre ya no convivía con el presunto agresor.

Cómo queda la infancia cuando el daño pasa por ella

Deja de ser testigo ocasional de una violencia entre personas adultas para convertirse en el terreno donde esa violencia se ejerce.

La Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2024 recoge que el 48,7 % de las mujeres que sufrieron violencia de alguna pareja y tenían hijos o hijas en ese momento afirma que presenciaron o escucharon los episodios. La encuesta no pregunta si la violencia continuó tras la ruptura, pero sí permite comparar relaciones vigentes y relaciones ya terminadas: entre quienes la sufrieron de parejas pasadas, el 30,0 % dice que sus hijos e hijas padecieron directamente la violencia del agresor, frente al 16,1 % entre quienes la sufren de su pareja actual.

Son cifras que describen realidades distintas y no demuestran por sí solas una relación de causa y efecto. Sí explican por qué la protección de la infancia no puede darse por resuelta el día en que se firma un convenio regulador.

Los puntos de contacto que conviene mirar

Después de la separación, el patrón suele concentrarse en unos pocos momentos concretos:

  • Entregas y recogidas, donde el encuentro es obligado y con frecuencia presenciado por los menores.
  • La comunicación parental, cuando se convierte en un flujo constante de mensajes que exceden lo estrictamente necesario.
  • Las decisiones compartidas sobre salud, escuela o actividades, bloqueadas o reabiertas de forma repetida.
  • La información que circula a través de los hijos e hijas, usada para saber dónde está la madre, con quién o cómo vive.

El marco legal ya prevé herramientas para varios de estos supuestos, y las hemos explicado en violencia vicaria y régimen de visitas. Las formas concretas que puede adoptar el daño están recogidas en formas de violencia vicaria.

Si la separación no ha detenido el patrón

No tienes que decidir por tu cuenta qué nombre jurídico corresponde a lo que estás viviendo, ni demostrar el patrón completo antes de pedir orientación.

Registrar lo que ocurre ayuda: fechas, mensajes, incidencias en las entregas, incumplimientos, informes escolares o médicos. En qué documentos conviene guardar explicamos cómo hacerlo sin convertirlo en una carga añadida.

El 016 ofrece información y asesoramiento jurídico especializado las 24 horas, es gratuito y no deja rastro en la factura telefónica; también atiende por WhatsApp en el 600 000 016, por chat y por correo electrónico. Si hay peligro inmediato, el número es el 112. En ayuda y recursos están reunidos estos canales y otras vías de apoyo.

Que el riesgo después de la separación siga siendo tratado como un conflicto entre exparejas es una de las razones por las que la asociación insiste en la formación de profesionales y en la mejora de la respuesta institucional, tal y como recoge el manifiesto de la asociación, impulsado desde la presidencia de Andrea Cabezas Mateos, abogada especializada en violencia de género, infancia y derechos humanos.

Esta información es general y divulgativa. No sustituye el asesoramiento jurídico, psicológico o sanitario profesional.

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