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EJEMPLOS DE VIOLENCIA VICARIA: PATRONES, NO UNA LISTA DIAGNÓSTICA

Qué ejemplos de violencia vicaria recoge la fuente oficial, por qué un mismo hecho puede significar cosas distintas y qué no demuestra una lista.

Por Stop Violencia Vicaria

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Ilustración plana sobre fondo lavanda y suelo arena: dos heptágonos crema de contorno violeta oscuro unidos por una línea horizontal de puntos; el de la izquierda contiene una lista de tres casillas marcadas en degradado magenta y violeta, tachada por un aspa, y el de la derecha una lupa del mismo degradado sobre cuatro huellas de pisada que avanzan en diagonal

Buscar ejemplos de violencia vicaria casi nunca es curiosidad. Suele ser una forma de preguntar otra cosa: lo que me pasa a mí, ¿cuenta?. Y detrás de esa pregunta hay una lista mental de episodios sueltos que todavía no tienen nombre.

Los ejemplos ayudan a ponérselo. Lo que no hacen —y conviene decirlo antes de enumerar ninguno— es funcionar como un test: encontrar tu caso en una lista no demuestra nada ante un juzgado, y no encontrarlo tampoco significa que no esté ocurriendo.

Qué convierte un hecho en un ejemplo de violencia vicaria

No es el hecho en sí. Es para qué se usa.

La Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género lo formula sin rodeos: los hijos e hijas de las mujeres víctimas de violencia de género son víctimas directas de esta violencia, y «en ocasiones estos y estas menores de edad son utilizados por el maltratador para hacer daño a la madre. Es decir: nos encontramos ante una forma de violencia vicaria».

Esa palabra —utilizados— es la que decide. Una misma conducta puede ser un despiste, un desacuerdo de crianza o un instrumento de daño, y por fuera pueden parecerse mucho. Lo que las separa es la función: si la criatura está siendo el medio para llegar a su madre, estamos ante violencia vicaria aunque el episodio concreto parezca menor.

Por eso la pregunta útil no es «¿está esto en la lista?», sino «¿a quién está dirigido el daño?».

Los ejemplos que sí están en una fuente oficial

La Delegación del Gobierno publica una relación de signos de violencia vicaria sobre los hijos e hijas, recogida tanto en su web como en su folleto informativo oficial. Son estos seis, reproducidos tal como los publica:

  • «Utiliza a tus hijas e hijos para hacerte daño.»
  • «Amenaza con quitártelos.»
  • «Amenaza con matarlos, te dice que te dará dónde más te duele.»
  • «Interrumpe los tratamientos médicos de tus hijos e hijas cuando están con él.»
  • «Utiliza los momentos de la recogida y retorno del régimen de visitas para insultarte, amenazarte o humillarte.»
  • «Habla mal de ti y tu familia en presencia de ellos y ellas.»

Fíjate en la forma que tienen. Solo dos describen un daño dirigido a la criatura —la amenaza contra su vida y la interrupción de sus tratamientos—. Los otros cuatro son conductas que pasan a través de ella: la entrega del viernes, la conversación en el coche, la amenaza que se pronuncia delante de quien no debería oírla. Funcionan precisamente porque hay alguien menor de edad en medio.

Ese mismo documento oficial resuelve, además, una duda que aparece siempre en el acompañamiento. A la pregunta de si un hombre que ejerce violencia sobre una mujer puede ser un buen padre, la respuesta de la Delegación del Gobierno es literal: «NO. Un maltratador que ejerce violencia nunca podrá ser un buen padre, máxime si está utilizando a los hijos e hijas para hacer daño a otra persona».

Un ejemplo no tiene que ir dirigido a la criatura para contar

Aquí se cae la intuición más extendida, la de que si al niño no le han hecho nada, no ha pasado nada.

La Ley Orgánica 8/2021, de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia define violencia, a sus efectos, como «toda acción, omisión o trato negligente que priva a las personas menores de edad de sus derechos y bienestar, que amenaza o interfiere su ordenado desarrollo físico, psíquico o social» (artículo 1.2). Y en ese mismo artículo incluye expresamente «la presencia de cualquier comportamiento violento en su ámbito familiar».

Dos consecuencias prácticas. La primera: una omisión —no dar la medicación, no recoger, no avisar— puede ser un ejemplo tan válido como un grito. La segunda: estar delante ya es sufrirla, sin necesidad de que nadie se dirija a la criatura.

Los ejemplos que ninguna lista oficial recoge

El folleto de la Delegación del Gobierno es material divulgativo de dos páginas, no un inventario exhaustivo. Y la violencia vicaria se mueve por donde encuentra hueco.

En el acompañamiento aparecen habitualmente terrenos que ninguna enumeración breve cubre: el dinero —impagos, gastos escolares convertidos en negociación, ayudas bloqueadas—, que tratamos en violencia vicaria económica; y el móvil y las cuentas compartidas, que abordamos en violencia vicaria digital. También el desgaste que no deja marca visible y que describimos en violencia psicológica y violencia vicaria.

Que tu situación no encaje en las seis frases del folleto no la deja fuera. El catálogo de formas posibles, más amplio, está en formas de violencia vicaria.

Lo que una lista de ejemplos no puede hacer

Detectar. Eso no es una opinión nuestra: es uno de los diagnósticos centrales del informe Violencia vicaria de género. Las otras víctimas, que el Defensor del Pueblo registró en las Cortes Generales el 22 de noviembre de 2024 con diecinueve recomendaciones repartidas en seis líneas de actuación.

La institución identifica la dificultad para detectar este tipo de violencia como uno de los principales problemas, y lo que propone para resolverlo no es una lista mejor, sino un sistema: mejorar los sistemas de valoración del riesgo con indicadores específicos —la existencia de denuncias previas de violencia contra la madre, la intervención de los servicios sociales en situaciones de conflicto familiar, o que la madre cuente con la acreditación administrativa como víctima de violencia de género—, formación especializada para los profesionales en contacto con las víctimas y datos estadísticos propios que hoy no existen.

Dicho de otro modo: detectar violencia vicaria es un trabajo profesional, con indicadores, formación y valoración del riesgo detrás. Una lista de ejemplos es la puerta de entrada a ese trabajo, no un sustituto.

Convertirla en un diagnóstico produce dos errores, y los dos hacen daño. Uno es la falsa tranquilidad: «no está en la lista, entonces no es para tanto». El otro es la falsa certeza: etiquetar una situación a partir de un único episodio, sin contexto ni historia, que es exactamente el mecanismo por el que circulan las construcciones sin aval científico que analizamos en violencia vicaria y síndrome de alienación parental.

Tres preguntas que ordenan lo que estás viendo

Esto no es un test y no da un veredicto. Son las preguntas que, en la práctica, ayudan a contar bien lo que ocurre cuando llames al 016 o hables con un servicio especializado, porque son las que esa persona necesita poder situar.

  1. ¿Hacia dónde va el daño? Un error de organización te complica la semana. Un uso instrumental busca que te duela. La diferencia se nota en lo que ocurre después: si al verte afectada la conducta se repite, ya has contestado.
  2. ¿Es un episodio o una serie? Un incidente aislado admite muchas explicaciones. Diez incidentes con la misma forma, no. La violencia vicaria se reconoce en la insistencia, no en la gravedad de un solo día.
  3. ¿Qué pasa cuando pones un límite? Las discrepancias de crianza se negocian. El control escala: cuando dices que no, sube el tono, aparece una amenaza nueva o llega el silencio administrativo.

Ninguna de las tres te obliga a demostrar nada por tu cuenta. Reconocer algo en ellas significa que merece atención y valoración especializada, no que tengas que construir el caso sola. Cómo observar en el día a día sin convertirlo en vigilancia está en señales de violencia vicaria, y dónde está la frontera con un conflicto familiar ordinario, en conflicto familiar o violencia de género.

Qué hacer con un ejemplo que te ha reconocido

Si al leer alguno de los ejemplos anteriores has pensado «esto me pasa», el paso siguiente no es buscar más ejemplos. Es dejar de estar sola con ellos.

Anota lo que puedas, con fecha y de la forma más neutra posible: qué pasó, a qué hora, quién estaba delante. No para demostrar nada todavía, sino para que la serie exista fuera de tu memoria —qué conservar y cómo está en documentos a guardar. Y cuéntalo en un servicio especializado, que es donde ese material se convierte en valoración.

Si estás en esta situación

El 016 informa, asesora jurídicamente y presta atención psicosocial las 24 horas del día, es gratuito, es confidencial y no requiere denuncia previa. Ante un peligro inmediato, el 112. Todos los canales están reunidos en ayuda y recursos, y el punto de partida para entender el conjunto, en qué es la violencia vicaria.

Este contenido es divulgativo y general: no sustituye la valoración de un servicio especializado ni el asesoramiento jurídico sobre un caso concreto.

Nuestro trabajo

Stop Violencia Vicaria acompaña a víctimas, investiga y trabaja para que la respuesta institucional mejore. Que existan indicadores propios de detección y datos oficiales que midan esta violencia de forma diferenciada —hoy no los hay— es una de las demandas recogidas en el manifiesto de la asociación, impulsado desde la presidencia de Andrea Cabezas Mateos, abogada especializada en violencia de género, infancia y derechos humanos. Es también, literalmente, lo que el Defensor del Pueblo pidió a las administraciones en noviembre de 2024.

Preguntas frecuentes

¿Cuáles son los ejemplos oficiales de violencia vicaria en España?

La Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género enumera seis signos: utilizar a las hijas e hijos para hacer daño a la madre, amenazar con quitárselos, amenazar con matarlos, interrumpir sus tratamientos médicos cuando están con él, usar las recogidas y retornos del régimen de visitas para insultarla, amenazarla o humillarla, y hablar mal de ella y de su familia delante de ellas y ellos. No es un inventario cerrado: es material divulgativo.

¿Si mi caso no aparece en la lista, no es violencia vicaria?

No se deduce eso. La lista oficial recoge las conductas más frecuentes y documentadas, no todas las posibles. Lo que define la violencia vicaria es que las hijas e hijos sean utilizados para hacer daño a la madre, con independencia del medio concreto.

¿Sirve una lista de ejemplos para demostrar violencia vicaria?

No. El Defensor del Pueblo señaló en 2024 la dificultad de detección como uno de los problemas centrales y recomendó indicadores específicos de valoración del riesgo y formación especializada para los profesionales. Los ejemplos sirven para nombrar y para pedir ayuda; la valoración corresponde a servicios especializados y, en su caso, al juzgado competente.

¿Cuenta como violencia vicaria si el agresor nunca ha tocado a mis hijos?

La Ley Orgánica 8/2021 incluye dentro de la violencia sobre la infancia la omisión y el trato negligente, y también «la presencia de cualquier comportamiento violento en su ámbito familiar» (artículo 1.2). No hace falta una agresión dirigida a la criatura para que haya violencia sobre ella.

Esta información es general y divulgativa. No sustituye el asesoramiento jurídico, psicológico o sanitario profesional.

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