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MITOS SOBRE LA VIOLENCIA VICARIA QUE DIFICULTAN SU DETECCIÓN
Ocho mitos sobre la violencia vicaria que retrasan su detección, frente a la ley y los datos oficiales: de «solo si hay muertes» a la alienación parental.
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Los mitos sobre la violencia vicaria tienen algo en común: todos llevan a mirar hacia otro lado. Que solo existe cuando hay una muerte, que un mal marido puede ser buen padre, que con la separación se acaba o que, si los niños rechazan al padre, es porque la madre les manipula. Cada una de esas ideas retrasa el momento en que alguien —la familia, el colegio, la consulta de pediatría o un juzgado— reconoce lo que está pasando.
Aquí repasamos ocho, uno por uno, contrastados con la ley y con los datos oficiales. Si necesitas antes el concepto, está explicado en nuestra guía sobre qué es la violencia vicaria y cómo se ejerce a través de los hijos: en una frase, es el daño que un agresor causa a una mujer a través de sus hijas, hijos u otras personas queridas.
Textos legales y datos comprobados en sus fuentes oficiales el 27 de octubre de 2026. Las cifras de víctimas mortales son provisionales. Si hay peligro inmediato, el número es el 112; el 016 atiende las 24 horas.
Mito 1: «Solo es violencia vicaria cuando matan a un hijo»
Falso. La ley incluye cualquier violencia ejercida sobre las hijas, los hijos u otros menores del entorno de la mujer con el objetivo de dañarla a ella, no solo el asesinato.
El artículo 1.4 de la Ley Orgánica 1/2004, añadido en 2021, dice que la violencia de género «también comprende la violencia que con el objetivo de causar perjuicio o daño a las mujeres se ejerza sobre sus familiares o allegados menores de edad» por parte de su pareja o expareja. Y el apartado 3 del mismo artículo aclara que esa violencia incluye actos físicos y psicológicos, amenazas y coacciones.
El mito tiene una explicación: lo único que se cuenta oficialmente son los asesinatos. Según los datos de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género, entre el 1 de enero de 2013 y el 31 de agosto de 2026 se han confirmado 68 casos de personas menores de edad asesinadas por violencia de género, tres de ellas en 2026. Del resto no hay registro. El Defensor del Pueblo lo dejó escrito en su informe Violencia vicaria de género. Las otras víctimas: de las «manifestaciones no extremas de la violencia vicaria» no hay datos estadísticos de ningún organismo oficial, y solo se conocen los de víctimas mortales «porque son imposibles de ocultar».
Lo que no se cuenta no deja de existir: se vuelve más difícil de ver. Qué miden y qué no las estadísticas actuales lo explicamos en qué datos oficiales existen sobre violencia vicaria.
Mito 2: «Si no ha tocado a los niños, a ellos no les hace daño»
Falso. Ni la ley ni los datos limitan el daño a la infancia a los golpes que reciben.
El artículo 1.2 de la Ley Orgánica 1/2004 reconoce como víctimas de la violencia de género a los hijos menores de la mujer y a los menores bajo su tutela o guarda. Y la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2024 recoge que el 48,7 % de las mujeres que sufrieron violencia de una pareja y tenían hijos o hijas en ese momento dice que estos presenciaron o escucharon los episodios. Entre quienes además señalan que eran menores de edad, el 49,2 % —589.676 mujeres— afirma que sus hijos e hijas sufrieron ellos mismos la violencia del agresor.
En la violencia vicaria, además, el daño a menudo no tiene forma de agresión física: amenazas de llevarse a los niños, cuidados interrumpidos a propósito, entregas usadas para humillar a la madre. Cómo se reconocen esas formas está en señales de violencia vicaria, y por qué la infancia es víctima directa, en los hijos e hijas, víctimas directas de la violencia de género.
Mito 3: «Puede ser un mal marido, pero es un buen padre»
Es el mito que más pesa en las decisiones sobre custodia, y la ley española lo contradice de forma expresa: la violencia contra la madre cuenta cuando se decide sobre los hijos.
El artículo 92.7 del Código Civil dice que no procede la guarda conjunta cuando uno de los progenitores está incurso en un proceso penal por atentar contra la vida, la integridad física, la libertad, la integridad moral o la libertad sexual del otro cónyuge o de los hijos, ni cuando el juez advierte «indicios fundados de violencia doméstica o de género». El artículo 94 aplica la misma regla al régimen de visitas, salvo resolución motivada en el interés superior del menor.
España está obligada a ello también por el artículo 31 del Convenio de Estambul: al decidir sobre custodia y visitas deben tenerse en cuenta los incidentes de violencia, y ningún derecho de visita puede poner en peligro «los derechos y la seguridad de la víctima y de los niños».
La razón es sencilla: en la violencia vicaria, el vínculo con los hijos es precisamente el canal por el que se ejerce el daño. Cómo se articula todo esto en un procedimiento lo explicamos en violencia de género, custodia y régimen de visitas.
Mito 4: «Con la separación, se acaba»
Falso. La separación termina la convivencia, pero los hijos e hijas en común mantienen un punto de contacto, y los datos muestran que el riesgo no desaparece con la ruptura.
Según la ficha estadística de víctimas mortales de 2026 de la Delegación del Gobierno, actualizada el 14 de septiembre con datos provisionales, 23 de las 37 mujeres asesinadas por violencia de género en lo que iba de año —el 62,2 %— lo fueron a manos de una expareja o de una pareja en fase de ruptura. Es el dato de un solo año y oscila de un año a otro, pero desmiente que terminar la relación ponga a salvo por sí mismo.
En la violencia vicaria esto tiene una traducción concreta: las entregas, las visitas, las videollamadas y las decisiones compartidas sobre colegio o salud se convierten en ocasiones para seguir dañando. Lo desarrollamos en violencia vicaria después de la separación.
Mito 5: «Si los niños no quieren ir con su padre, es que la madre los manipula»
Es la idea en la que se apoya el llamado «síndrome de alienación parental», y la ley española obliga a no tomarla en consideración.
El artículo 11.3 de la Ley Orgánica 8/2021, de protección de la infancia, manda a los poderes públicos impedir que «planteamientos teóricos o criterios sin aval científico que presuman interferencia o manipulación adulta, como el llamado síndrome de alienación parental, puedan ser tomados en consideración». Y su artículo 26 añade que la parentalidad positiva no debe relacionarse con esas situaciones «sin aval científico».
El daño del mito es doble: convierte el rechazo de un niño o una niña —que puede ser una señal de lo que vive— en una prueba contra su madre, y deja sin escuchar lo que la propia criatura está diciendo. No significa que todo rechazo sea violencia vicaria: significa que hay que averiguar qué lo causa en lugar de presumirlo. Lo explicamos con detalle en violencia vicaria y síndrome de alienación parental.
Mito 6: «Es un conflicto de pareja; que lo resuelvan entre ellos»
Falso. Un conflicto se da entre iguales; la violencia se ejerce desde una posición de dominio, y tratarla como un desacuerdo deja a la madre y a los niños sin protección.
Por eso el artículo 48 del Convenio de Estambul obliga a prohibir los modos alternativos obligatorios de resolución de conflictos, «incluidas la mediación y la conciliación», en todas las formas de violencia que cubre el convenio. Sentar a negociar a quien ejerce la violencia con quien la sufre no equilibra nada: reproduce la desigualdad.
El mito también funciona en el entorno. Familiares, docentes o profesionales que ven un «divorcio difícil» pueden pasar por alto un patrón que se repite. Qué separa una cosa de la otra está en conflicto familiar o violencia de género: cómo diferenciarlos.
Mito 7: «Si fuera tan grave, ya lo habría denunciado»
Falso. La mayoría de la violencia de género no llega a denunciarse, tampoco en los casos más graves.
La Macroencuesta 2024 sitúa en el 16,8 % la proporción de mujeres que han sufrido violencia de una pareja y la han denunciado, ya sea ellas mismas u otra persona o institución. Entre los motivos para no hacerlo, el más citado es haberlo resuelto sola (50,3 %). Y en los feminicidios de 2026 recogidos en la ficha de la Delegación del Gobierno, 25 de las 37 mujeres asesinadas —el 67,6 %— no tenían denuncias previas.
Esperar a que haya una denuncia para tomarse en serio unas señales es llegar tarde. Y cuando una madre sí denuncia, el mito se invierte: se sospecha que lo hace para obtener ventaja en la custodia. Cómo es ese paso, y qué ocurre después, lo explicamos en cómo se presenta una denuncia por violencia vicaria.
Mito 8: «La violencia vicaria es un concepto sin reconocimiento legal»
Falso. La expresión «violencia vicaria» figura con ese nombre en la ley española desde octubre de 2022, aunque el Código Penal no la recoja como delito específico.
La Ley Orgánica 1/2004, reformada por la Ley Orgánica 10/2022 con efectos desde el 7 de octubre de 2022, la menciona en cuatro preceptos: los artículos 19 y 19 bis exigen profesionales de la psicología infantil para atender a las hijas e hijos víctimas de violencia vicaria; el artículo 47 obliga a tenerla en cuenta en la formación de jueces, fiscales, fuerzas de seguridad y forenses; y la disposición adicional segunda manda que los protocolos de las unidades de valoración forense integral le presten «especial atención».
Que no exista un delito con ese nombre no impide perseguir los hechos: las amenazas, las lesiones o el maltrato psicológico ya son delito. Lo que sí cambia la falta de un nombre penal propio es lo difícil que resulta contarlos y reconocer el patrón, como muestra el mito 1. Cómo se encajan hoy esas conductas lo explicamos en violencia vicaria y Código Penal.
Por qué los mitos retrasan la detección
Ninguno de estos mitos es inofensivo, porque todos actúan en los lugares donde la violencia vicaria podría detectarse antes.
- En la familia y el entorno, el mito 6 convierte señales repetidas en «cosas de la separación».
- En la escuela y la sanidad, el mito 2 hace que el malestar de un niño se lea sin preguntar por lo que vive en casa.
- En los juzgados de familia, los mitos 3 y 5 pueden pesar más que los indicios de violencia, aunque la ley diga lo contrario.
- En las estadísticas, el mito 1 se alimenta de sí mismo: como solo se cuentan las muertes, parece que solo existen las muertes.
Ningún dato aislado confirma una violencia vicaria, y ninguna lista sustituye a la valoración de profesionales. Lo que sí está claro es que mirar el patrón, y no el episodio suelto, es lo que permite verla a tiempo.
Preguntas frecuentes
¿Cuáles son los mitos más comunes sobre la violencia vicaria?
Que solo existe cuando hay un asesinato, que no afecta a los niños si no les pegan, que un mal marido puede ser buen padre, que termina con la separación y que el rechazo de los hijos al padre se debe a la manipulación de la madre. La ley española contradice cada uno de ellos.
¿Existe la violencia vicaria si el agresor nunca ha agredido físicamente a los hijos?
Sí. El artículo 1.4 de la Ley Orgánica 1/2004 incluye la violencia ejercida sobre los menores para dañar a la madre, y el artículo 1.3 aclara que comprende la violencia psicológica, las amenazas y las coacciones, no solo la física.
¿Un padre condenado o investigado por violencia de género puede tener la custodia compartida?
Según el artículo 92.7 del Código Civil, no procede la guarda conjunta si está incurso en un proceso penal por esos hechos o si el juez aprecia indicios fundados de violencia doméstica o de género. Cada caso lo decide el juzgado con el expediente delante.
¿Se puede alegar alienación parental en un juicio en España?
La Ley Orgánica 8/2021 obliga a los poderes públicos a impedir que el llamado síndrome de alienación parental y otros criterios sin aval científico se tomen en consideración. Es un argumento legal que tu abogada puede hacer valer si aparece en un informe.
¿Hay datos oficiales sobre cuántos casos de violencia vicaria hay en España?
Solo de su forma más extrema: 68 menores asesinados entre 2013 y el 31 de agosto de 2026, según la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género. De las formas no letales, el Defensor del Pueblo constata que ningún organismo oficial tiene datos.
Por qué publicamos esto
En el acompañamiento de Stop Violencia Vicaria escuchamos estos mitos con frecuencia, también en boca de profesionales. Son una de las razones por las que tantas madres sienten que tienen que demostrar dos veces lo que viven: primero que es violencia, y después que no es un invento para quedarse con los hijos.
Desmontarlos con la ley y los datos en la mano forma parte del trabajo de investigación, formación e incidencia que impulsa Andrea Cabezas Mateos, abogada especializada en violencia de género, infancia y derechos humanos y presidenta de la asociación. Puedes ver en qué consiste en qué hacemos.
Dónde continuar
En ayuda y recursos están reunidos los canales oficiales, las guías de la asociación y el botón de salida rápida de esta web. Si eres familiar, amiga o profesional, también te puede servir qué puede hacer el entorno ante la violencia vicaria.
Stop Violencia Vicaria acompaña a víctimas y trabaja para mejorar la respuesta institucional, pero no es un servicio de emergencia ni presta asistencia jurídica individualizada. El 016 y el 112 sí están disponibles ahora mismo.
Esta información es general y divulgativa. No sustituye el asesoramiento jurídico, psicológico o sanitario profesional.
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